Coaching, Desarrollo profesional, Neuroeducación, Otros

Aprender: pasar del Ah! al AAAh! y al Ajá!

Cuando este post se publique, yo estaré con mis alumnos del curso “Diplomado en coaching”, avalado por AECOPE. Y estaré, no lo dudéis, haciendo que en su proceso aprendizaje acerca de cómo es un proceso de coaching, pasen del Ah! al Ajá!, de modo que estén entusiasmados con poner en práctica un proceso de coaching real, en el que apliquen todas las técnicas y herramientas que van a ir viendo a lo largo de los 8 módulos en los que está dividido el programa y que lo presentarán en el noveno módulo.

¿Y cómo logro esto? Muy simple… Conociendo y aplicando técnicas relacionadas con el funcionamiento de nuestro cerebro. En concreto, aquellas que nos hacen motivarnos con el aprendizaje. ¿Qué os parece si esto se aplicase en la educación de nuestros hijos?

progresista
¿Creéis que alguien me escucha cuando yo hablo de estas cosas? 😉

Veréis… Lo principal es crear un “entorno resonante”, un ambiente propicio al aprendizaje y no solo (que también) en cuanto a los aspectos físicos (iluminación, temperatura, acogedor, ventilado…), sino propicio para lograr mantener la curiosidad y la atención plena. Y esto solo es posible cuando lanzamos desafíos motivadores.

¡Ojo! Es evidente que no todas las personas se motivan con los mismos desafíos. Es reto profesional del formador, descubrirlos para poder potenciar a los alumnos. Está claro que, cuando algo nos llama la atención, prestamos atención. ¿Qué le pasa entonces al cerebro cuando le proponemos un desafío motivador?

Está estudiado que si lo que se enseña a los alumnos, les atrae, son capaces de comprenderlo, les permitimos hacer descubrimientos y llevar esos aprendizajes y descubrimientos a adquirir experiencias reales, lo harán suyo, lo unirán a aprendizajes previos y su aprendizaje será significativo. Puro placer: el disfrute que nos da dominar un desafío. Es pasar del Ah!, al AAAh! al Ajá!

Pero ¡cuidado! si el reto es muy elevado, el estrés aparece en nuestro vida. Si veo el desafío acorde con mis recursos, me apasiono, me entusiasmo y estoy en disposición de poder afrontar el desafío. Por ello, es vital que cuando los docentes se ponen delante de sus alumnos, utilicen conocimientos claros sobre cómo funciona el cerebro humano y conozca individualmente a cada uno de sus alumnos. Si no, corremos el riesgo de hacer realidad aquella conocida frase de Howard Gardner “los niños van a la escuela como signos de interrogación y salen como puntos finales” Y eso puede llegar a ser consecuencia de una experiencia de aprendizaje frustrado por un exceso o por un efecto de retos presentados.

Hagamos que los alumnos griten Ajá!, es el mejor indicador de un aprendizaje significativo y real, porque no olvidemos que el aprendizaje es experiencia, todo lo demás es información.

Estoy deseando que llegue abril y poder ver estas experiencias de mis alumnos en sus procesos de coaching. Un reto para ello y un reto para nosotros como formadores. ¿Será posible ver este tipo de formación de manera extendida y sistemática en los docentes de nuestros hijos y de nuestros alumnos del mañana?

Seguro que sí.  A por ello…

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