Coaching, Educación

El coaching educativo y el emprendedor que llevamos dentro…

Este 2016 ha sido un año de mucha experiencia para mí en el coaching educativo. He tenido la suerte de haber disfrutado con más de 100 docentes en sus incursiones en el coaching educativo de verdad, en el que se aplica en el aula, en el que se empodera al alumnado y en el que brillan los ojos de los profes cuando te cuentan lo que han ayudado a sus alumnos a su propio autoconocimiento, a fijar sus objetivos, a diseñar sus propios planes de acción y a ser autónomos en sus decisiones. En definitiva, les han acompañado a ser ¡emprendedores!

Y parece que el 2017 va a ser aún más grande en este sentido, con mi participación en programas que ya tenemos encima de la mesa. Es tan ilusionante poder impactar, aunque sea solo un poquito, en el mundo educativo y en la sociedad que estoy muy, muy feliz de disfrutar de estas sorpresas que te da la vida.

Y es que en los últimos años hay muchos estudios que nos abren los ojos y nos hacen ver que el presente de la educación está destinado a encontrarse con tendencias sociales actuales para poder desarrollar, en el alumnado, una serie de competencias que los jóvenes y adultos del mañana van a necesitar sí o sí. Necesitamos su capacitación en competencias digitales, en compromiso social, en emprendeduría y en economía colaborativa, como poco. Y esto, señores, no se aprende en la familia, por muy conscientes que seamos como padres y madres de nuestras responsabilidades paternas y maternas.

Hay una tendencia muy clara hacia el “Happy and Healthy” de modo que cada vez es más necesario complementar la formación académica con el aprendizaje orientado al autoconocimiento, a la búsqueda del bienestar a través de la realización personal como parte esencial de los programas formativos.

No es nuevo que, a mayor bienestar, mayor aprendizaje y es ahí donde aparece como metodología clave el coaching educativo. Y es que, a parte de las competencias enunciadas anteriormente los docentes lograrán que sus alumnos maximicen, entre otros aspectos:
1. Su capacidad de atención.
2. Su pensamiento creativo
3. Su pensamiento holístico.
4. Su pensamiento crítico y analítico positivo.

Estos cuatro puntos son básicos para la formación del emprendedor y, con ello, lograremos jóvenes y futuros adultos que los lleven impresos en su ADN. Llegará un momento en el que cambiemos el discurso actual de la “necesidad de cambio” y/o “lo bueno que es el fracaso”  por trabajar estas competencias que nos permiten, de verdad, alcanzar nuestra plenitud personal y profesional.

Cierro el post de esta semana, con la seguridad de que seguiré luchando por aquello en lo que confío y aquello que hace que las mentes se abran a nuevas ideas porque de esta manera, esas mentes, nunca volverán a su tamaño original (parafraseando a Einstein).

Que tengas un buen día. Up!

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